"Las flores...Mi padre me regalaba flores en ocasiones solemnes, impregnadas de gravedad, cargadas de peligros potenciales. Pero paradójicamente, las escenas que he guardado intactas en la memoria, están ligadas para mí a una sensación de comicidad irresistible.(...)
Al día siguiente de la operación (para el lector compasivo señalaré que sólo me quitaron el ovario y la trompa izquierdos), hacia las cuatro de la tarde, llaman a la puerta de mi habitación. "Adelante", digo. Aparece entonces en el resquicio un enorme tiesto con flores, un macizo entero, debería decir, en un gran jarrón de barro, y detrás, chiquitito, mi padre, sosteniendo el centro de mesa como si fuera el santo sacramento. Unas ganas locas de reír.